Cuando lo único que te hace sonreír está lejos, cuando necesitas llorar en su hombro y no está y cuando echas de menos a alguien que nunca habías echado de menos, haces locuras.
La chica comenzó la universidad, conoció a gente nueva, la rutina después de un verano volvía a su vida y cada día que pasaba hablaba mas con el chico. A todas horas estaban hablando por skype, contándose que habían echo, la cosas buenas y dándose ánimos también en las mas difíciles. Cada día hablaban de cuando iría la chica para allá, y un día compró el billete y se fue.
En su ciudad había tres días de huelga para los estudiantes y en cuanto se lo corroboraron, compró el billete, fue a casa se lo dijo a su familia y también a su novio, a ninguno le hacía gracia, ninguna gracia, pero su padre se mostró mas tolerante e incluso la llevó a la estación.
En el tren iba nerviosa, atacada, dejaba a todo el mundo muy enfadado y se iba a otro país, de noche, a una ciudad que no conocía a ver a un chico con el que había pasado muchas tardes y una noche pero que no salía de su cabeza. El camino fue horrible, muchos nervios, largo, sin poder dormir, pero le hacía mucha ilusión visitar a su amigo. Al bajar del tren tuvo que andar un cacho hasta llegar a la estación, porque el tren era largo e iba en el último vagón y en ese trozo que se le hizo eterno pensó que no la había ido a buscar, no lo veía y se empezó a asustar. Pero según iba avanzando, vio a un chico con cascos azules, una chaqueta amarilla y gris y quizás llevase esa bufanda azul con colores, no lo recuerdo muy bien. Lo vio y cuando estuvieron uno frente al otro se abrazaron, fue un momento de indecisión porque creo que ambos sentían un impulso diferente. Se abrazaron fuerte y se fueron a casa sonriendo.
Desde la noche que habían dormido juntos, siempre que hablaban por internet decía que dormirían juntos. Llegaron a la casa y fueron hasta la habitación, en la puerta había un cartel de bienvenida, la chica aún lo lleva en la carpeta y cada vez que lo ve revive ese momento. Después todo fue muy rápido, el chico al día siguiente tenía clase y eran las 6 de la mañana, pijama y a la cama. Para la chica era raro, estaba en una cama pequeña con un chico medio desnudo, al principio intentaba mantener la distancia un poco, pero después buscaba su pecho para apoyarse y sentirse mejor, no recuerdo si le llegó a abrazar por la espalda, pero si sé que no durmió mucho. Tenía novio, pero estaba con un chico que le aportaba muchísimo y la trataba genial ¡en la misma cama! Durmió mejor cuando él se fue a clase. Al día siguiente estuvo sola por la mañana, vinieron a comer o se fueron al comedor no lo recuerdo mucho y por la tarde vieron una película y después salieron a dar un paseo, eran las fiestas de allí y el compañero de piso y ellos dos fueron a ver el ambiente, caminaron mucho, muchísimo, en esa ciudad solo había cuestas! Por la noche quizás vieron alguna película y después a dormir, al día siguiente el chico tenía clase y la chica iba a estar mucho rato sola. Desde hacía tiempo tenía problemas para dormir pero allí estaba descansado mucho, aunque estuviese sola, estaba a gusto y sabía que de un momento a otro aparecería él.
Desde que se había ido, solamente se había escrito con su padre por internet y habían hablado poco, había llegado bien, estaba bien y había desconectado, pero no había hablado con su novio. La llamó su madre y le dijo que el novio estaba muy enfadado, no entendía porque se había ido y menos a ver a otro chico. Un día a mediodía, después de comer en la cantina de la facultad, el chico se fue a entrenar y la chica iba a casa para coger la cámara y salir a dar un paseo, pero el novio la llamó, enfadado, hablando muy secamente y le dijo que por su bien que volviera, que no entendía nada. La chica se disgustó mucho porque realmente no sabía que estaba pasando, seguía sus impulsos, estaba haciendo lo que necesitaba hacer, pero se disgustó y lloró mucho. En mitad de la conversación llegó el chico, había decidido no ir a entrenar porque presentía que algo iba mal y no la quería dejar sola. Fueron a la estación para cambiar el billete y volver esa noche, pero las compañías de trenes son diferentes y no se lo cambiaron. Por un lado la chica estaba mal, pero por otro estaba aliviada, no quería irse. Pasaron la tarde visitando la universidad, caminando por la ciudad, las escaleras, la fuente bonita y se pararon en una cuesta desde la que se veía el puente y el río, no se dieron cuenta pero presenciaron la puesta de sol. Hablaron, se hicieron fotos y se abrazaron, era un sitio precioso.
Menos mal que no se fue.
Por la noche se fueron a dormir y como las noches anteriores, se durmieron. Pero la chica estaba agitada, nerviosa, le costaba dormirse, pasaba mucho rato de la noche escuchando la respiración del chico, se le aceleraba su respiración y como noches anteriores, buscaba sin buscar estar nariz con nariz con el. Sobre las 5 de la mañana el chico se despertó, pero la chica estaba adormilada, se despertó y comenzó a acelerarse su respiración, se encontró nariz con nariz, estuvo así un buen rato, hasta que lo hizo, le dio un pequeño beso, muy pequeño y ella, siguió ahí, le dio otro y otro y comenzó a estorbar la ropa y lo hicieron. Se durmieron y volvieron a hacerlo antes de que él se marchara a clase. Ella se quedó en la cama, el se fue y ella era incapaz de dormir, ahora estaba mas contenta que nunca de no haber podido cambiar el billete, se sentía extraña pero reconfortada, porque pensaba que solo era ella la que se despertaba en medio de la noche con ganas de hacer una locura, pero no, y menos mal. El chico volvió de clase, creo que volvió corriendo, porque llegó a la habitación con la respiración agitada. Se metió en la cama con la chica, la besó con una sonrisa y es posible que volviera a hacerlo, no lo recuerdo. Durmieron abrazados hasta la hora de comer y por la tarde vieron una película en el sofá con el nórdico por encima y muy juntos. Al compañero de piso ya le había contado todo porqué habían ido juntos a clase pero a la compañera no y creo que flipó un poco al verlos abrazadísimos en el sofá. Esa noche la chica ya tenía que coger el tren, por la tarde se ducharon juntos, la chica se moría de vergüenza porque no le gusta su cuerpo, pero estuvieron juntos, lo volvieron a hacer y se fueron a cenar. Cenaron con los dos compañeros de piso en el KFC y después volvieron para terminar de recoger las cosas. Se besaron mucho y se abrazaron, la chica estaba tumbada boca arriba y el chico un poco mas incorporado, la miró con una mirada de esas muy sinceras y con voz temblorosa le preguntó a la chica. - ¿Que va a pasar con todo esto? La chica le dijo que no sabía contestar a eso, que no tenía la respuesta de las cosas. Se fueron a la estación de tren y la chica volvió, en el preciso instante en que se montó en el tren y vio la cara del chico a través del cristal, sabía que iba a hacer.
Ha veces parece que todo va bien, pero por dentro las cosas van cambiando, hacer cosas como coger un tren, es una de las mejores cosas que la chica pudo hacer, pero ¿que pasó después?
Llegados a este punto todo era muy raro, muy confuso, pero las ideas estaban mas claras que nunca...
jueves, 7 de febrero de 2013
lunes, 4 de febrero de 2013
Darse cuenta de que lo único él único que te calma es él
Hay veces que las cosas no se ven con claridad y un poco de distancia viene bien para darse cuenta de todo. Para replantearselo todo.
Tras esos días de descanso y no hacer mucho, se comenzaba a terminar el verano. La chica había estado todo el verano dándolo todo, siendo la persona mas voluntaria del mundo haciendo desinteresadamente muchas actividades, y eso la reconfortaba, la hacía sentirse útil y grande. Pero todas las personas necesitan unas vacaciones así que decidió irse. Sola. En su ciudad había estado cuidando a un niño durante dos años, él ahora se había ido a vivir a Madrid y ella llevaba tiempo diciéndole a su novio que quería ir. Él no quería y lo peor era que no se lo decía directamente si no que le ponía escusas... Decidió irse sola y es lo mejor que pudo hacer.
Se fue en coche con un amigo, durmió en su casa y al día siguiente partió a la aventura, varios metros, un bus y un reencuentro. Con la madre fue muy bonito encontrarse, pero llegar al cole y recoger al niño y que no me hablara, que me abrazase muy fuerte y me dijera ¿no te vas de madrid no? Hace que merezca la pena ir de nuevo a buscarlo al cole. La primera o la segunda noche al llegar a Madrid, habló por teléfono con el chico, ese con el que había pasado una noche y que no salía de su cabeza. Él le dijo que tenía un regalo que no había podido darle antes de marcharse (él se iba a estudiar fuera unos meses), que consiguiese un ordenador o algo similar. Por facebook le envió una carta, en ella esta puesto que de fondo tenía que sonar una canción, fue imposible poner la canción y también fue imposible no echarse a llorar. Todo el verano habían estado juntos, trabajando y en ratos libres, conociéndose, apoyándose sin saberlo y en esa carta había una palabra pequeña pero grande a la vez, que a veces no dice nada, pero otras demuestra mucho. Un gracias.
Nunca le habían escrito nada igual a la chica, siempre era ella la que preparaba cosas, tenía algún detalle, pero nadie se había parado a decirle nunca nada, ni siquiera un gracias, un me alegro haberte conocido... Y lloró mucho, cada vez que leía la carta y puedo asegurar que la leyó mas de 100 veces.
Cada día necesitaba hablar con el chico, contarle que había echo, dónde había estado, cuantos abrazos le habían dado los niños, necesitaba decirle que había comprado varios peces para ellos, a todas horas necesitaba saber de él, y estaba triste, porque él se iba y no podría saber de él hasta dentro de unos meses. La noche que él se fue, ella durmió poco, pensaba en él, puso la alarma para mandarle un mensaje de despedida, pero en realidad no quería despedirse.
Mucha gente le prometió que iría a verlo, ella sabe que muchas veces las promesas se hacen al aire, es decir se dice pero por quedar bien, por decirlo, pero ella siempre que decía una cosa lo hacía.
Le prometió que iría a verlo y no dudéis de que fue...
Tras esos días de descanso y no hacer mucho, se comenzaba a terminar el verano. La chica había estado todo el verano dándolo todo, siendo la persona mas voluntaria del mundo haciendo desinteresadamente muchas actividades, y eso la reconfortaba, la hacía sentirse útil y grande. Pero todas las personas necesitan unas vacaciones así que decidió irse. Sola. En su ciudad había estado cuidando a un niño durante dos años, él ahora se había ido a vivir a Madrid y ella llevaba tiempo diciéndole a su novio que quería ir. Él no quería y lo peor era que no se lo decía directamente si no que le ponía escusas... Decidió irse sola y es lo mejor que pudo hacer.
Se fue en coche con un amigo, durmió en su casa y al día siguiente partió a la aventura, varios metros, un bus y un reencuentro. Con la madre fue muy bonito encontrarse, pero llegar al cole y recoger al niño y que no me hablara, que me abrazase muy fuerte y me dijera ¿no te vas de madrid no? Hace que merezca la pena ir de nuevo a buscarlo al cole. La primera o la segunda noche al llegar a Madrid, habló por teléfono con el chico, ese con el que había pasado una noche y que no salía de su cabeza. Él le dijo que tenía un regalo que no había podido darle antes de marcharse (él se iba a estudiar fuera unos meses), que consiguiese un ordenador o algo similar. Por facebook le envió una carta, en ella esta puesto que de fondo tenía que sonar una canción, fue imposible poner la canción y también fue imposible no echarse a llorar. Todo el verano habían estado juntos, trabajando y en ratos libres, conociéndose, apoyándose sin saberlo y en esa carta había una palabra pequeña pero grande a la vez, que a veces no dice nada, pero otras demuestra mucho. Un gracias.
Nunca le habían escrito nada igual a la chica, siempre era ella la que preparaba cosas, tenía algún detalle, pero nadie se había parado a decirle nunca nada, ni siquiera un gracias, un me alegro haberte conocido... Y lloró mucho, cada vez que leía la carta y puedo asegurar que la leyó mas de 100 veces.
Cada día necesitaba hablar con el chico, contarle que había echo, dónde había estado, cuantos abrazos le habían dado los niños, necesitaba decirle que había comprado varios peces para ellos, a todas horas necesitaba saber de él, y estaba triste, porque él se iba y no podría saber de él hasta dentro de unos meses. La noche que él se fue, ella durmió poco, pensaba en él, puso la alarma para mandarle un mensaje de despedida, pero en realidad no quería despedirse.
Mucha gente le prometió que iría a verlo, ella sabe que muchas veces las promesas se hacen al aire, es decir se dice pero por quedar bien, por decirlo, pero ella siempre que decía una cosa lo hacía.
Le prometió que iría a verlo y no dudéis de que fue...
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