Hay veces que las cosas no se ven con claridad y un poco de distancia viene bien para darse cuenta de todo. Para replantearselo todo.
Tras esos días de descanso y no hacer mucho, se comenzaba a terminar el verano. La chica había estado todo el verano dándolo todo, siendo la persona mas voluntaria del mundo haciendo desinteresadamente muchas actividades, y eso la reconfortaba, la hacía sentirse útil y grande. Pero todas las personas necesitan unas vacaciones así que decidió irse. Sola. En su ciudad había estado cuidando a un niño durante dos años, él ahora se había ido a vivir a Madrid y ella llevaba tiempo diciéndole a su novio que quería ir. Él no quería y lo peor era que no se lo decía directamente si no que le ponía escusas... Decidió irse sola y es lo mejor que pudo hacer.
Se fue en coche con un amigo, durmió en su casa y al día siguiente partió a la aventura, varios metros, un bus y un reencuentro. Con la madre fue muy bonito encontrarse, pero llegar al cole y recoger al niño y que no me hablara, que me abrazase muy fuerte y me dijera ¿no te vas de madrid no? Hace que merezca la pena ir de nuevo a buscarlo al cole. La primera o la segunda noche al llegar a Madrid, habló por teléfono con el chico, ese con el que había pasado una noche y que no salía de su cabeza. Él le dijo que tenía un regalo que no había podido darle antes de marcharse (él se iba a estudiar fuera unos meses), que consiguiese un ordenador o algo similar. Por facebook le envió una carta, en ella esta puesto que de fondo tenía que sonar una canción, fue imposible poner la canción y también fue imposible no echarse a llorar. Todo el verano habían estado juntos, trabajando y en ratos libres, conociéndose, apoyándose sin saberlo y en esa carta había una palabra pequeña pero grande a la vez, que a veces no dice nada, pero otras demuestra mucho. Un gracias.
Nunca le habían escrito nada igual a la chica, siempre era ella la que preparaba cosas, tenía algún detalle, pero nadie se había parado a decirle nunca nada, ni siquiera un gracias, un me alegro haberte conocido... Y lloró mucho, cada vez que leía la carta y puedo asegurar que la leyó mas de 100 veces.
Cada día necesitaba hablar con el chico, contarle que había echo, dónde había estado, cuantos abrazos le habían dado los niños, necesitaba decirle que había comprado varios peces para ellos, a todas horas necesitaba saber de él, y estaba triste, porque él se iba y no podría saber de él hasta dentro de unos meses. La noche que él se fue, ella durmió poco, pensaba en él, puso la alarma para mandarle un mensaje de despedida, pero en realidad no quería despedirse.
Mucha gente le prometió que iría a verlo, ella sabe que muchas veces las promesas se hacen al aire, es decir se dice pero por quedar bien, por decirlo, pero ella siempre que decía una cosa lo hacía.
Le prometió que iría a verlo y no dudéis de que fue...
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