domingo, 19 de mayo de 2013

Tener la necesidad de estar cerca y comprar el billete de tren sin pensárselo dos veces

Tras aquellos días que disfrutamos el uno del otro, aún estaban las cosas inestables, tu allí, yo aquí, era difícil pero traspasar el muro de la distancia, nos unió mucho más. 

No tardamos mucho en volver a vernos, yo estaba decidida a ir, no me importaba la reacción de los de aquí, ni viajar sola y de noche. Los nervios solamente se me volvieron a poner en la barriga cuando el tren iba llegando a su destino, a tu lado. 


Un puente, mis padres habían salido fuera, mi hermano trabajaba, no tenía a nadie que me llevase a la estación a la una de la mañana, pero me las apañé, a las 12 y media estaba allí impaciente, deseando subirme a ese tren para acortar la distancia mas y mas. Llegó con hora y cuarto de retraso, aún lo recuerdo, hablababamos por whatsapp hasta que te quedaste dormido y pude avisarte que llegaba mas tarde. El viaje se me hizo eterno, el no poder dormir e ir pendiente de la parada también influyó. Llegué y estabas tu, me habías venido a buscar en el coche de tu compañera de piso y tenías prisa, mucha prisa, según tu, porqué al día siguiente tenías examen, pero todo era una tapadera.... Llegamos al piso y en el pasillo me dejaste las llaves de tu cuarto para que yo abriera. En la puerta no había ninguna nota como la otra vez, pero abrí la puerta y había velas, por toda la habitación, por el suelo, por la ventana creo recordar que había alguna también... un camino de velas que me llevaba hasta la cama, donde tenía un ramo de flores blancas, y un regalo, una foto, nuestra foto con el elefantito rosa. En el lateral del elefante, estaba el cuaderno, donde días antes me habías escrito cosas y me las habías puesto por la cámara. Me hizo tantísima ilusión... te lo dije muchas veces, pero una vez mas, gracias. 


Era tarde, nos cambiamos, nos metimos en la cama, tu al día siguiente tenías examen. Nos besamos, hicimos el amor y no se que hora era, pero muy tarde, nos dormimos. Tu apenas pudiste dormir, después de levantarte sigilosamente y desayunar, cuando volviste a la habitación, me diste un beso. Vuelvo enseguida. Me arropaste, me acariciaste la cabeza. Y me quedé dormida. Cuando volviste aún seguía en la cama y te metiste conmigo, estabas cansadísimo, venías del examen de natación y apenas habías dormido. Hicimos el amor y apenas pudiste dormir porque tenías que volver a clase. Al terminar las clases nos juntamos y pasamos la tarde juntos, no me acuerdo muy bien que hicimos. Una tarde me enseñaste donde estaba el cole en el que habías echo las prácticas, había que subir y había una vista preciosa, después caminamos hasta un biblio-café y te tomaste un chocolate caliente, yo un nestea de pessego. Volvimos a casa. Otro día comimos en el Mr. Pizza, después tenías que volver a clase y yo iba a dormir la siesta, pero me encontré con Isabel y me fui con ella a comprar unas zapatillas de deporte. En el fin de semana fuimos al botánico, a la ciudad de los pequenhinos y ese mismo días después fuimos a la quinta das lágrimas. Caminamos mucho, juntos, de la mano. Nos dimos besos en todas las esquinas, nos miramos, nos compenetramos, mandamos una postal mientras tomábamos algo en el bar de los fados, compramos en el jumbo carne para toda la semana, comimos chocolate antes de ir a casa, tomamos un helado con chocolate caliente en el llaollao, ... Hicimos tantas cosas que no puedo acordarme de todo, pero estaba a tu lado, pasamos momentos estupendos y hasta me enfadé contigo la ultima noche... fuimos a cenar al mc donalds y me dijiste que en realidad tenías un montón que estudiar, que no me lo habías dicho porqué querías verme. Hubiese sido muy difícil no ir, me alegro tanto de haber estado allí...


Quedaba poco para que regresaras a España, pero la despedida siempre era lo peor, te subías al tren para ayudarme con la maleta, me dabas un último beso rápido, aún recuerdo los nervios que nos entraban porqué no sabíamos si llegaríamos a tiempo al tren. Yo iba con mis flores y con mi elefante en el bolso. El revisor cada vez que pasaba, me decía: La chica de las margaritaas 


Estaba enamorada y no me importó montarme en un tren no una si no dos veces para saber de verdad que tu también lo estabas. Me moría de ganas porqué volvieras, pero tenía miedo. Las cosas son muy diferentes cuando estás en la misma ciudad, cuando sabes que podremos vernos todos los días, pero tenemos límites que ni en Portugal ni en Ciudad Rodrigo teníamos.


Pero lo importante es que estábamos juntos y en cuando vinieras, tendríamos que adaptarnos. 

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